Los incesantes cuestionamientos al accionar de los agentes policiales del país, catalogados como abusos, excesos y ahora tortura, desnaturalizan el actual proceso de reforma a la Policía Nacional que se inició, precisamente, luego de un mal proceder de los uniformados cuando el Martes Santo de 2021 mataron a una pareja de esposos al confundirlos, supuestamente, con unos delincuentes a los que le daban seguimiento.
Como si se tratara de un “boomerang”, la historia se repite y parece no acabar. Pese a que ya se han dado pasos para tratar de cambiar y reestructurar la Policía Nacional y de mejorar el proceder de los miembros de la institución, los hechos contradicen el objetivo y revierten la intención de crear un cuerpo policial de confianza y credibilidad en la población.
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